Noé Ibáñez Martínez
¿Estáis
cumpliendo con la obligación de enseñar?
O,
si sois analfabetos,
¿estáis cumpliendo con la obligación de aprender?
Jaime Torres Bodet
“Si
sois analfabetos, inscribíos en algún centro de los que, por millares, han sido
creados en el Distrito Federal y en todas las Entidades de la Federación. Si
sabéis leer y escribir, buscad a un analfabeto. Pedid vuestra cartilla a la
Administración de la Campaña contra el Analfabetismo, en la Secretaría de
Educación Pública o en la Dirección de Educación Federal del Estado o del Territorio
en el que habitéis. Y enseñad, enseñad, enseñad. Enseñad con fervor, con
perseverancia, porque no sólo vuestros discípulos los que se beneficien de
vuestro esfuerzo. Seréis, mañana, vosotros mismos. Serán, más tarde, vuestros
hijos y los hijos de vuestros hijos. Será la Patria, esa madre augusta que nos
protege con su bandera y a la que le debemos todo, ya que todo, en nuestras
existencias particulares, le pertenece”.[i]
El rezago educativo que arrastra el
estado de Guerrero es histórico. La Revolución Mexicana hundió al país en una
profunda crisis política, social, económica y educativa. La entidad suriana en
la década de los años veinte, más del 80% de la población era analfabeta,
ocupando el primer lugar a nivel nacional. A pesar de los esfuerzos de la recién fundada Secretaría de Educación
Pública dirigida por José Vasconcelos, no logró disminuir el índice de
analfabetismo que para 1930 seguía en ese sitio. Sin embargo, diez años después
pasó al segundo lugar superado por Oaxaca. Es decir, de 1930 a 1940, el
analfabetismo en el estado descendió de 80 a 77% aproximadamente. Pero no así,
en municipios que eran más críticos, en Iguala por ejemplo, el índice ascendía
en 62%; mientras que en Metlatónoc, Tlacoapa, Xalpatláhuac y Zapotitlán Tablas,
el índice de analfabetismo ascendía entre 98 y 99%.
El
gobierno federal, en los años veinte intentó llevar la educación en todos los
rincones del país, en un esfuerzo sin precedentes. Se podría afirmar que la Primera Campaña de Alfabetización
abarcó de 1921 a 1930, en el cual, José Vasconcelos buscó solventar la falta de
instrucción que tenía la población. Se pensaba que los diez años de guerra que
había sufrido el país habían repercutido en la instrucción de la población, por
lo que el analfabetismo de los adultos era muy alto. De acuerdo con el censo de
1921, el 66.1% de la población mexicana, no sabía leer ni escribir. En este
contexto, se formó un gran ejército de niños con instrucción primaria y un
número importante de maestros honorarios (3 022). Cada uno de ellos debía
colaborar con la labor alfabetizadora. Sin embargo, con la salida de
Vasconcelos de la SEP la campaña de alfabetización desapareció durante el
régimen de Plutarco Elías Calles; y ni siquiera se mencionó en las administraciones
de Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez.
La Segunda Campaña de Alfabetización
abarcó de 1934 a 1940. Con la llegada de Lázaro
Cárdenas al poder se retoma la idea de erradicar el analfabetismo en el
país mediante el Programa Nacional de
Educación, que incluía el proyecto de alfabetización popular. La propaganda
de esta campaña tomó tintes de cruzada redentora nacional, y el propio Cárdenas
la encabezó como presidente de la República. Se lanzó también otra campaña, la de
Pro-educación Popular con la que el gobierno se comprometió a
“desanalfabetizar” al país en tres años, además de lograr el “mejoramiento
técnico y cultural de los maestros así como la elevación del nivel higiénico de
las comunidades y viviendas para obreros”.
La Tercera Campaña de Alfabetización
abarcó el sexenio de Manuel Ávila Camacho (1940-1946). En estos años se creó el
Centro Regional de Educación de Adultos
y Alfabetización Funcional para América Latina (CREFAL). En diciembre de
1943, se planteó una nueva campaña contra el analfabetismo, para la que se
echaría mano de todas las armas que la propaganda de la época permitía, “el
interés era evidentemente político: acabar con viejos rencores y odios que
hicieron crisis en el sexenio anterior y unir al país nuevamente, integrando
por medio de la lectura a todos los habitantes”. En agosto de 1944, Ávila
Camacho expide la Ley de Emergencia en virtud de la cual emprendió en todo el
país la Campaña Nacional contra el Analfabetismo. En mayo de 1945, pone en
marcha la Campaña Nacional contra el
Analfabetismo dentro del sistema ferroviario; la intención era garantizar
que en un plazo breve se logre que los ferrocarrileros analfabetos y sus
familiares aprendan a leer y escribir.
A
finales del sexenio avilacamachista, se reformó el artículo 3° constitucional
para reconvertir la educación socialista y en su lugar establecer una educación
integral, científica y democrática para combatir los altos índices de
analfabetismo que imperaban la época. Esta campaña tenía dos propósitos
fundamentales: por una parte, servir a nuestro país, proporcionando a todos los
iletrados la misma oportunidad inmediata para alcanzar ese primer peldaño de la
instrucción que es el conocimiento de la lectura y de la escritura. Por otra
parte, servir, en nuestros país, a la causa universal de la democracia, ya que
abrigamos la convicción de que una paz duradera sólo se afianzará sobre un
acuerdo democrático de los pueblos, y un acuerdo de tan alta categoría solo
será fecundo si los pueblos lo adoptan conscientemente, sabiendo la
significación de los compromisos que implica una convivencia libre, justa y
civilizada.[ii]
Sin embargo, el proyecto de alfabetización no terminó ahí, Miguel Alemán Valdés
continúo durante su sexenio con la campaña.
La Cuarta Campaña de Alfabetización
comenzó en 1958 con el retorno de Torres Bodet a la SEP y comienza una nueva
etapa en los programas de alfabetización y educación extraescolar que ponía
énfasis en la idea de que alfabetizar no significaba simplemente enseñar a leer
y escribir, sino impartir conocimientos prácticos de utilidad inmediata para
lograr el mejoramiento de los niveles de vida del hombre y su comunidad. En
febrero de 1959 se crea la Comisión
Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Desde entonces el discurso acerca de
lo que significaba la alfabetización se transformó.
Para
la entidad guerrerense, la década de los cuarenta se caracterizó por la
atención especial al sector educativo. Desde el gobierno de Adrián Castrejón se
realizó un gran esfuerzo por atenderlo, por ejemplo, en julio de 1929 convocó
al Primer Congreso Pedagógico del Estado,
cuyos propósitos fundamentales eran: 1)
reorientar la enseñanza en sus aspectos escolar, económico y social; 2) reorganizar las escuelas rurales,
secundarias, profesionales, enseñanza domestica y de enseñanza particular; 3) controlar el sector educativo con
pruebas de eficiencia y documentación; 4)
instrumentar la cooperación entre autoridades y las comunidades; entre otros
puntos.[iii]
De
tal forma que para 1948, había en el estado 1 049 escuelas primarias, de las
cuales 679 eran federales, 301 estatales, 3 de acuerdo al artículo 123, y 65
particulares y municipales. Del total de escuelas en la entidad, 60 eran
consideradas semiurbanas y 979 del tipo rural. En 1947 de un total de 72,233
alumnos inscritos, el 72.95% acudían a las escuelas rurales, un 20.7% a
semiurbanas y el 6.4% a escuelas urbanas. La educación secundaria se impartía
solo en 4 planteles, sostenidos por la federación, ubicados en Iguala, Chilapa,
Teloloapan y Acapulco. Completaban el sistema educativo, 40 jardines e niños y
2 internados, uno para indígenas, con 94 alumnos, además del Colegio del
Estado, que en 1946 es creado por el gobernador Rafael Catalán Calvo y la
histórica Escuela Normal de Ayotzinapa, únicas instituciones de educación
superior en el estado.
Sin
embargo, a pesar de estos esfuerzos por atender al sector educativo, la
situación se agudizó en las zonas indígenas en donde los intentos por una
educación bilingüe empezaban a darse, pero que lejos de ser una política
educativa contra el analfabetismo, resultaban “experimentos”, en donde lo mismo incursionaban instituciones
oficiales nacionales, como internacionales, encabezados por el Instituto
Lingüístico de Verano. La realidad era contundente: el 70% de la población
indígena continuaba siendo monolingüe y el 67% de la población total del
estado, en 1950, era analfabeta.[iv]
Pero,
¿cuáles fueron las causas de este alarmante panorama educativo? En primer lugar, por una política educativa
equivocada. En segundo lugar, había
atención pero se atendía mal, aunque estas actividades concentraban el mayor
presupuesto del estado; sin embargo, los resultados eran muy pobres. Además, la
educación pública era improvisada,
se promovió la creación de escuelas como obligación básica de las comunidades y
municipios. El Estado proporcionaba instructores cuyos fines eran enseñar a
leer y escribir a niños y adultos, llegando a tener el carácter de
alfabetizador. No obstante, el educador no contó con condiciones materiales y
de apoyo elemental para desempeñar su labor. Los alumnos desertaban, las
escuelas funcionaban por temporadas y los instructores abandonaban la tarea.
Aunque, el gobierno inflaba las estadísticas.[v]
En
este contexto, el estado de Guerrero y los municipios tampoco disponían de
recursos para atender las campañas de alfabetización y misiones culturales; por
lo que el rezago educativo superó los esfuerzos públicos para contrarrestarlo.
Además, aunado otros problemas como la población dispersa, el territorio amplio
y escaso de comunicaciones.
El
gobierno de Rafael Catalán Calvo propuso algunas soluciones para atender la
crítica situación educativa en el estado, entre otras: a) aumentar para 1946 el número de maestros y también elevarles un
sueldo digno; b) que las dos únicas
instituciones de educación superior (Normal Rural de Ayotzinapa y el Colegio
del Estado) doblaran el número de egresados; c) que la enseñanza de indígenas los atendieran los maestros
federales conocedores de las costumbres y del idioma o dialecto; y d) para resolver el problema se requieren
medidas extraordinarias y disciplina rigurosa. No se justifican los
aplazamientos. Los apáticos, los cansados, los que sólo buscan el modo de pasar
la vida, esos no servirán para trabajar en Guerrero.[vi]
Posteriormente,
el gobierno del general Baltazar R. Leyva Mancilla impulsó la educación con
programas de alfabetización tan sólo mes y medio de haber tomado posesión. Sin
embargo, bajo las mismas condiciones sociales los programas no tuvieron mayores
resultados.
A
manera de conclusión, las políticas educativas implementadas por los primeros
gobiernos postrevolucionarios en el estado, no lograron consolidar este sector;
abriendo paso a un problema que colocaría al estado en los primeros lugares de
rezago educativo. Los gobiernos posteriores a la segunda mitad del siglo XX,
mantuvieron estas políticas públicas con un avance lento. En lo particular, la
alfabetización a pesar de que a inicio de los años ochenta se crea el INEA, el
avance para su erradicación será demasiado lento, adueñándose de él la
simulación y la corrupción.
NOTAS
[i]
Mensaje radiofónico de Jaime Torres Bodet, México, D.F. 6 de junio de 1945. En
Torres Septién, Valentina, Pensamiento
educativo de Jaime Torres Bodet, Ediciones El Caballito-SEP, México, 1985.
p. 71.
[ii] Ibídem, p. 69.
[iii] AA.VV.
Historia General de Guerrero. Vol.
IV. Revolución y Reconstrucción. CONACULTA-GOBIERNO DEL ESTADO-JGH Editores,
México, 1998. p. 297.
[iv]
Gutiérrez Ávila, Miguel Ángel. “Guerrero después de Cárdenas” en Neri Quevedo,
Edgar (Comp.) Guerrero 1849-1999. Tomo I, Gobierno del Estado de Guerrero, Chilpancingo, 1999. p. 78.
Edgar (Comp.) Guerrero 1849-1999. Tomo I, Gobierno del Estado de Guerrero, Chilpancingo, 1999. p. 78.
[v]
AA.VV. Historia General de Guerrero., op.
cit. p. 221.
[vi]
Catalán Calvo, G. Rafael. Problemas de
Guerrero. Ediciones del Gobierno del Estado, México, 1986. pp. 79-87.